Corrupción y justificación: “Hay otros más corruptos”

El periodista Ricardo Raphael escribió hace unos días una columna que tituló “La corrupción NO somos todos”. Y lo que por el titular me pareció que iba a ser un alegato a la integridad, luego me pareció un involuntario alegato a la corrupción.

Y el debate sobre la corrupción es aún más relevante hoy que México está ante los ojos del mundo por los hechos escalofriantes de Ayotzinapa. Que la corrupción es un factor que acelera la delincuencia, nadie lo discute. Pero veo que muchos sí discuten que la cultura también influye.

Recapitulemos: el presidente de México, Enrique Peña Nieto, en un diálogo con periodistas afirmó que la corrupción es un “tema de orden cultural”. Dijo que había otros factores, pero le llovieron críticas porque a muchos pareció que eso expresaba resignación ante el fenómeno y falta de voluntad de combatirlo. La más reciente crítica es la de Ricardo Raphael, quien sostiene que “la corrupción no es un asunto relacionado con la cultura de las personas, sino con el funcionamiento de las instituciones”.

Y su manera de demostrar este argumento es utilizando el ingenioso ejemplo que le puso al Presidente el periodista León Krauze: “En Estados Unidos habitan más de 13 millones de mexicanos dispuestos a pagar sus impuestos, a no transgredir las señales de tráfico y a obedecer las leyes”. Y añade Raphael: “Basta con que un mexicano cruce la frontera para que ahí se convierta en un ciudadano ejemplar”.

¿Cómo ocurre ese prodigio? ¿Las instituciones estadounidenses reprograman el chip de 13 millones de personas para que diga “cumple” donde decía “incumple”? ¿Realmente la población migrante mexicana, o de otros países, llega a las mismas tasas de cumplimiento que la población nativa?

Al analizar de manera sencilla las causas de la delincuencia, algunos criminólogos decimos que el delito es la suma de una oportunidad y un individuo motivado.

El funcionamiento de las instituciones es una de las variables que entran dentro del factor oportunidad: Cuanto mejor funcionen las instituciones, más difícil será cometer actos de corrupción y por tanto se cometerán menos. Por eso, siguiendo el ejemplo descrito, efectivamente podría ser que muchos mexicanos que aquí no obedecen leyes, allí sí. Por ejemplo porque saben que en Estados Unidos es más probable que las acciones ilícitas tengan consecuencias negativas, por el mayor control o por la menor impunidad. Hasta ahí estamos de acuerdo.

Afirma el periodista que “los grandes corruptos suelen comportarse igual en cualquier escenario”. Es decir, que si fuera un asunto cultural, el individuo sobornaría a pesar de todo, incluso en Estados Unidos. Ahí ya no estamos de acuerdo. Las oportunidades, sean legales o ilegales, no son las mismas en cualquier escenario y por tanto el comportamiento no tiene por qué ser el mismo. El individuo es el mismo, su cultura a corto plazo es la misma, pero se adapta al medio. Si está muy difícil la cosa, puede que no la haga.

La cultura es una más de las variables que entran dentro del factor individuo motivado. El que la socialización de un individuo ocurra en un país o en otro, influye en que sus definiciones sean más o menos favorables a la corrupción. Y eso puede influir en que corrompan o se corrompan más o menos.

Los experimentos en ciencias sociales son complicados, pero hagamos un supuesto: en México, donde la oportunidad de corromper es mayor que en Estados Unidos, juntemos 13 millones de daneses, finlandeses y neozelandeses, cuyos países según Transparencia Internacional son los tres menos corruptos del planeta. Y por otro lado, 13 millones de afganos, coreanos del norte y somalís, cuyos países son los tres más corruptos según TI. ¿Qué grupo cree que cometería más actos corruptos en México? Si la respuesta es el segundo, estamos de acuerdo en que la cultura cuenta.

Y cuenta tanto que es el germen de la corrupción que el periodista denomina sistémica. La justificación y la extensión de actos de corrupción aparentemente menores, son los cimientos de aquellos grandes casos que escandalizan a la misma sociedad que los fomenta. Dice el columnista que “hay unos actos más corruptos que otros” y que “es malintencionado comparar la mordida que se le entrega al policía de tránsito con el soborno proporcionado al inspector sanitario para que los hospitales adquieran un medicamento caduco”. A esto me refería.

Corrupción y justificación: "Hay otros más corruptos" | PRECAVER

“Hay otros más corruptos”

Las justificaciones de la corrupción también forman parte de la cultura, también se aprenden. Sea de casa, de la escuela, de iguales, del gobierno, o de una columna periodística. La justificación puede adquirir diversas formas. En el caso de la mordida al policía de tránsito podrían servirnos, por ejemplo, “el corrupto no soy yo, es el policía que acepta el dinero” o “no me quedaba otro remedio, llegaba tarde” o “todo el mundo lo hace” o “el que no transa no avanza” o “hay otros más corruptos, como los que sobornan a inspectores sanitarios”.

Y curiosamente esto de desplazar la responsabilidad del acto corrupto y minusvalorar el daño que produce, serán los mismos mecanismos que “los grandes corruptos” emplearán para neutralizar su culpa. La técnica de corromper se aprende; la manera de justificar se aprende; que hay impunidad, esto es, que no pasa nada, se aprende. La corrupción se fomenta así.

Para reducir los niveles de corrupción en un país hacen falta muchas cosas. Para empezar, tener claro que la corrupción no es sólo el soborno. Y que no sólo se da en el sector público. Claro que el sector público es muy importante; se deben reforzar las instituciones, establecer mejores políticas preventivas, aumentar el control, mejorar el sistema de justicia, etc. Ciertamente hay que poner más difícil la oportunidad.

Pero cuidado; el fenómeno no es tan sencillo, no tiene que ser o una cosa o la otra. Pueden influir las instituciones y además la cultura. Y muchas más variables, como el individuo concreto, independientemente de la nacionalidad. La cuestión es que la cultura SÍ es un asunto relacionado con la corrupción, pues motiva al individuo a cometerla. En ese sentido, la corrupción SÍ somos todos.

Actuando sobre la cultura también se puede actuar sobre la corrupción, y a su vez sobre el crimen. No es imposible cambiar la cultura. Lleva tiempo, pero se puede. Hace falta que todos le echemos ganas, no sólo “los otros”.

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