¿Cuándo disparar es defensa propia?

Cuándo disparar es defensa propiaEn el Curso de Seguridad que impartimos en Coatzacoalcos, analizábamos un caso ocurrido a nuestra llegada y que aparecía bajo el siguiente titular: “Petrolero balea a sus plagiarios y logra captura”, en la versión impresa del periódico El Liberal del Sur.

También en la portada del periódico aparece el siguiente desarrollo:

Criminales robaron casa de empleado de Pemex e intentaron secuestrarlo, éste logró desatarse y en defensa propia los persiguió e hirió a uno de ellos.

Los asistentes al curso, en su mayoría, aprobaban la reacción del petrolero que, resumiendo, luego de aparecer un familiar en la casa y huir los asaltantes, consiguió desatarse y los persiguió en su pick-up, con que embistió al taxi en que huían y los baleó (con su arma registrada), hiriendo a uno de ellos.

Y por otra parte algunos desaprobaban la actuación de las autoridades, que detuvieron después al petrolero. Porque algunos pensaban, al igual que el periódico, que la víctima actuó en defensa propia y las autoridades estaban favoreciendo injustamente a los delincuentes.

Pero, ¿en realidad fue defensa propia? Veamos los siguientes requisitos de la legítima defensa que expone en México el Código Penal Federal (Artículo 15, fracción IV):

Se repela una agresión real, actual o inminente, y sin derecho, en protección de bienes jurídicos propios o ajenos, siempre que exista necesidad de la defensa y racionalidad de los medios empleados y no medie provocación dolosa suficiente e inmediata por parte del agredido o de la persona a quien se defiende.

Se presumirá como defensa legítima, salvo prueba en contrario, el hecho de causar daño a quien por cualquier medio trate de penetrar, sin derecho, al hogar del agente, al de su familia, a sus dependencias, o a los de cualquier persona que tenga la obligación de defender, al sitio donde se encuentren bienes propios o ajenos respecto de los que exista la misma obligación; o bien, lo encuentre en alguno de aquellos lugares en circunstancias tales que revelen la probabilidad de una agresión.

Aunque el periódico dice “logró desatarse y en defensa propia los persiguió e hirió a uno de ellos”, en un análisis preliminar y con la información disponible, es probable que no sea defensa propia, legítima defensa, pues si los asaltantes estaban huyendo parece faltar el requisito de repeler un ataque “actual e inminente”, pues ese ataque o la probabilidad del mismo ya pasó. Y tampoco estaban ya los agresores en el hogar de la víctima. A veces lo que el ciudadano o el periódico consideran justo es una cosa y lo que dice la ley es otra cosa.

Con independencia de este caso, parece prudente que si no se sigue esa máxima de “a enemigo que huye, puente de plata” y se decide retener a un delincuente, actuación que es legítima ante flagrancia, hay que procurar, aunque sea difícil, no actuar llevados por la ira y no meterse en serios problemas legales cuando se dificulta la huida del enemigo. Porque por una decisión de segundos se puede condicionar la propia vida (o quitar la ajena).

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