La importancia económica del servicio de inteligencia

Parte de la molestia internacional por el asunto del espionaje estadounidense a otros países es que ya muchos asumen que no sólo se espía para prevenir el terrorismo, aunque este sea un objetivo primordial. Y que por tanto un país podría espiar a otro, por ejemplo interviniendo las comunicaciones, por razones económicas.

Pues no parece esto gran sorpresa. El escándalo probablemente se ha originado por la aparición de pruebas que hace a muchos ciudadanos, no familiarizados con estas cuestiones de seguridad e inteligencia, pasar de la candidez a la conciencia.

A nivel micro, parece claro que para una empresa resultaría muy valioso conocer lo que planea o hace su competencia. Ya sea en producción, comercialización, innovación o en cualquier área con proyección económica. A nivel macro, también parece claro lo valioso, teniendo en cuenta que su economía en cierto modo depende de la agregación de las economías de sus empresas, y que la competencia puede ser otro país, hasta amigo.

La importancia económica del servicio de inteligenciaEsto, como decimos, no es nada nuevo. En lo íntimo de los gobiernos estas cosas se ven con cierta indulgencia. Y hasta no sería raro pensar que a gobiernos que claman al cielo por las últimas revelaciones, les encantaría tener las mismas capacidades y los mismos alcances de inteligencia. Recordemos que, como producto, la inteligencia es información analizada. Y que para lograr un país este producto pasa por varias fases y emplea diversos métodos, entre ellos algunos que se permite a sí mismo pero no a otros. Y los otros hacen lo mismo.

Recuperamos aquí un fragmento de un artículo de Luis María Anson, sobre el Servicio de Inteligencia Británico, publicado en 1959 en ABC, que nos parece digno de interés y que ahonda en esta idea que les transmitimos acerca de la importancia e incluso cotidianidad del espionaje.

Con sus miles de agentes diseminados por todo el mundo, el Intelligence Service dispone de los ojos del planeta y se convierte en la más fabulosa agencia de noticias que pueda imaginarse. El inquilino del numeró 10 de Downing Street es, por esta razón, el hombre mejor informado del mundo y, como consecuencia el auténtico cerebro universal. Así es como el Gobierno y la diplomacia inglesa se encuentran en condiciones inmejorables de dirigir, con impasible seguridad, la política internacional, de anticiparse en los golpes, de precaver rebeliones, de provocar revoluciones, de jugar espectacularmente las alzas y las bajas de la Bolsa, de orientar, según su conveniencia, a la opinión y de controlar los mercados universales. El espionaje no es  una exclusiva inglesa, sino una necesidad general. No resulta más o menos útil, sino indispensable. Ha sido empleado por todos los Estados y en todos Ios tiempos. Don Juan Manuel escribía én el siglo XIV: “Otrosí debe facer mucho por tener barruntes y esculcas con sus contrarios por saber lo que más pudiese de sus fechos.”

Por su parte, a la empresa privada lo que le corresponde es lograr inteligencia siempre por cauces legales y defenderse de la inteligencia contraria, sea esta legal o ilegal. En definitiva, estar atentos al entorno, conseguir información oportuna y relevante, y ser leales y eficaces en la protección de la información. Porque es importante y la competencia lo sabe.

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