El surfista del 11-S

Recientemente, el 11 de septiembre, vi un documental en NatGeo, conmerativo del atentado a las Torres Gemelas, que me impresionó. Al día siguiente comenté esto en el Twitter y he visto que causó cierta curiosidad el tuit. Este fue:

Vi el documental “El surfista del 11-S” e impresiona: Que sobrevivió el desplome de la torre norte estando en el 22 goo.gl/EMlIUU

Porque la verdad es que es una historia casi increíble en el sentido literal; de hecho el propio documental recoge testimonios de expertos un tanto escépticos con el asunto. Sin embargo, otros expertos sí lo creen y lo explican técnicamente. Otros muchos, simples ciudadanos, lo queremos creer como ejemplo de esperanza y agarradera vital.

Dado que muchos no habéis podido ver este documental, aquí os lo resumo:

Pasquale Buzzelli, empleado de la Autoridad Portuaria, de 32 años, en el momento en que se estrella el primer avión contra una de las Torres Gemelas, se encontraba en su oficina, en el piso 64.

Nota el estruendo, intuye que algo terrible ha pasado, telefonea a su esposa (que estaba entonces embarazada) y ella le explica lo que está ocurriendo pues lo está viendo en la televisión. El avión había impactado más arriba y desde ahí hasta la cima del edificio estaba todo en llamas. Pasquale y sus compañeros de oficina tienen vía libre para evacuar escaleras abajo, tal como hicieron muchos, pero ellos, por su condición de funcionarios públicos, deciden quedarse y colaborar en las tareas de evacuación y ayudar a los demás. Además, se sienten seguros allí. Ya no queda nadie a quien ayudar y sin embargo ellos no se van, aunque no saben muy bien por qué.

El surfista del 11-SPasquale estaba tranquilo, hasta que habla con su esposa por segunda vez y ella le contagia su preocupación por que él siga en su oficina. Luego se cortan las comunicaciones. Luego cae la Torre Sur, todo fuera se llena de humo y Pasquale y sus compañeros se dan cuenta de que no tiene sentido estar allí; deciden que ya tienen que evacuar. Nuestro protagonista agarra su cartera (interesante gesto, pues él está convencido de que va a sobrevivir, que al día siguiente va a volver con su cartera al WTC) y corre escaleras de emergencia abajo.

Cuando va por el piso 22, siente que todo vibra y se tambalea y escucha un ruido tremendo, como de avalancha, que se aproxima. Es el edificio, que ha colapsado, que se le está derrumbando encima. Pasquale tira su cartera, se tira al suelo donde la escalera hace esquina, contra una pared, se pone en posición fetal y se protege la cabeza. A los pocos instantes nota que la pared se resquebraja y luego que la pared desaparece. Entonces, caída libre. Siente caer al vacío y que va a morir. Piensa en su esposa y en su hija que no conocerá. Luego, un gran resplandor blanco. Imagino que algo le golpea la cabeza o que ese es el momento del madrazo (como dicen por aquí) contra el suelo.

Despertó tres horas después con el tobillo hecho añicos, encima de su cacho de escalera. Sobre una montaña de escombros mirando al cielo. Pedía ayuda y nadie lo escuchaba. Así estuvo un buen rato hasta que dos bomberos neoyorquinos, cuyos testimonios recoge el documental, lo vieron “como un rey en su trono” y lo rescataron. Después llamó a su mujer, que en esos momentos se hallaba llorando su presunta muerte con familia y amigos, pues todos habían visto el derrumbe y no sabían de él. Esa noche se reunieron e imagino que no serían pocos los besos y abrazos.

Un técnico explica qué es lo que pudo pasar para que Pasquale no se deshiciera en esa caída libre: Parece ser que esa mole de edificio cayendo genera unas corrientes de aire enormes, en todas direcciones. De hecho eso relatan otros supervivientes y bomberos: Cuando la torre cayó, se les volaban los cascos y luego ellos mismos. Es posible que una de esas corrientes ascendentes amortiguase la caída de nuestro protagonista y que además evitase que le fueran cayendo partes de estructura encima. Y hasta evitase que extraviara su cartera, que conserva polvorienta escondida en su garaje.

¿Suerte? ¿Destino? ¿Milagro? ¿Orden natural? ¿Astronomía? ¿Pura casualidad? ¿Don divino? ¿Habilidad? ¿Suceso estadístico? ¿Fábula? Llámalo como gustes; la cuestión es convencerse de sobrevivir y luego sobrevivir.

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