Soborno en especie (Ej.: con marisco)

Estamos acostumbrados a escuchar de sobornos monetarios, es decir, aquellos mediante los cuales la gente se corrompe por dinero. Pero son muy frecuentes (y efectivos) los ofrecimientos de dádivas en especie, esto es, en género; da igual de lo que se trate. Inmuebles, en delitos de corrupción urbanística o marisco, en este caso. Cohecho con gambas.

Y es que leemos en El Diario de Almería un repaso a actos de corrupción en esa provincia por parte de funcionarios de seguridad pública. Extraemos el siguiente fragmento:

CONDENADOS POR COHECHO 

El 13 de octubre de 2010 la Audiencia Provincial de Almería condenó a un total de cuatro años de inhabilitación especial para empleo o cargo público a los dos agentes de la Guardia Civil destinados en el puerto de Carboneras a los que un jurado popular declaró culpables de cohecho por recibir dos cajas de gambas valoradas en 300 euros a cambio de no informar a la autoridad aduanera del arribo de un barco pesquero de bandera argelina con carga de marisco.

Los pagos en especie pueden minimizar en la persona el impacto moral de su conducta corrupta. Puede funcionar mejor un mecanismo de justificación del estilo a “no lo hago por dinero, son unas gambas para cenar con la familia” que “me hace falta ese dinero porque cobro muy poco”. Y aparte, los pagos en especie tienen la ventaja, especialmente en sobornos de cierta entidad, de no tener que blanquear el capital con el que se comprarán los productos, sino que éstos se reciben sin mayor complicación fiscal. Esto le suma atractivo al asunto.

Cuando lo que se guardan no son billetes parece que no es tan grave aceptar una dádiva. Y ya no sólo mercancía de procedencia ilícita ante la que se hace la vista gorda, como alimentos de contrabando aquí, o ropa falsificada allá. En la empresa privada la dádiva puede ser de procedencia lícita; como un televisor comprado en el supermercado, e internamente quien la recibe justificarla como un regalo, pero en determinados casos recibirlo también podría ser ilegal.

Todo tiene un valor económico y eso lo saben las partes intervinientes en la transacción, y eso es lo que la hace atractiva para quien recibe. Y tal valor, en relación al sueldo legal de la persona, junto a otros factores, determina si se acepta o no. Por eso la justicia traduce las gambas a euros y los euros a años de inhabilitación.

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