Memorias de un detective criminólogo (1)

La reacción de cualquiera cuando conoce a un detective en contexto amistoso, no es la indiferencia. Normalmente las personas se sorprenden pues nunca te ven cara de detective, luego te dicen que qué divertido oficio y, si la conversación se entabla, ya te piden alguna anécdota.
                                                           
                     
A lo de qué divertido no suelo llevar la contraria, porque es actividad variada y plantea retos constantes en la búsqueda de la verdad. Aunque tampoco suelo señalar la cantidad de horas de monotonía varado en una acera o en una furgoneta esperando a que a alguien, que tal vez ni esté por ahí, le dé por salir. Salvo eso, nunca te aburres. En cuanto a la anécdota, aparte de que hay cosas que el secreto profesional no deja contar, suele ocurrir que de tantas situaciones variopintas que se viven en el ejercicio de tantas investigaciones, en el momento en que alguien pregunta, no viene ninguna a la mente.
                                        
Por eso me parece buena ocasión la web para sistematizar algunos recuerdos y tener un repositorio de experiencias de tal forma que la próxima vez que me pregunten y me pillen despistado, pueda salvar la situación con la pértiga de las memorias online.
                                 
Antes de empezar hay que advertir, para que no den sudores fríos a los compañeros detectives, que no revelaremos técnicas tan ocultas que su difusión a nuestro juicio dificulte futuras investigaciones. Recuerdo que cuando un conocido detective madrileño, que solía aparecer en los medios, contaba en entrevistas que si ponía la cámara oculta en tal o cual prenda o que si se ponía peluca, al día siguiente, en el interior de coches parados, detectives mataban las horas indignándose por tal difusión de técnicas. A mí tampoco me hacía gracia. Con el tiempo he cambiado de parecer.
                                    
Incluso ahora alguna vez me ha escrito algún compañero expresando su desacuerdo con que publiquemos en la web algunos contenidos relativos a métodos de inteligencia, pero pienso que aquí no revelamos ningún secreto. Finalmente a quienes descubren sus técnicas es a quien las usa obsoletas, a quien no se adapta, a quien usa técnicas ilegales, a quien no dispone de medios adecuados o, en definitiva, a quien no estudia alternativas. Creo que la ética y la innovación es lo que distingue a los buenos profesionales.
                                          
Para finalizar esta introducción, pero comentar algún aspecto práctico de los inicios de un detective, en este caso también criminólogo, indicaré que los primeros trabajos que hice fueron los llamados de identificación, para una agencia pequeña pero con bastante volumen de trabajo a nivel nacional. Esta agencia tenía clientes que solicitaban muchos informes de personas de las cuales no tenían foto. Por tanto, mi primera tarea era conseguir la foto para que otros detectives pudieran hacer el seguimiento con la certeza de que a quien seguían no era el hermano del investigado o la vecina de la investigada. Hoy día, como comentamos en otra ocasión, los detectives en tiempos del Facebook disponen de otros recursos para esta labor. Pero si finalmente no hay foto, hay que asegurarse de algún modo de que la persona a quien seguimos es nuestro objetivo o corremos el riesgo de malgastar horas o incluso días. ¿Y por qué la identificación la tenía que hacer otro? Porque normalmente requería entablar contacto visual mutuo y hasta verbal con el objetivo, y si luego la mismita persona le seguía, se podía percatar de la operación. He de reconocer que en varias ocasiones he hecho ambas tareas yo mismo y no ha pasado nada, pues la gente normalmente no hace esfuerzos por memorizar rostros y, si no tiene indicios de que le puedan seguir, tampoco hace esfuerzos por buscar a alguien detrás.
                                        
Las técnicas para identificar al objetivo cara a cara son diversas y requieren una historia creíble y a ser posible cotidiana, para que el objetivo no preste atención de más. Y de las técnicas para recoger la imagen, la más típica es una cámara oculta que recoja vídeo del que poder obtener fotogramas. Por supuesto el detective ha de ir bien equipado con baterías y cintas o megas suficientes, para que no se quede sin la imagen clave y tal vez sin posibilidad de volver. Porque hay personas que sí desconfían, como veremos en el próximo capítulo.
                              

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