La seguridad de la viajera Pauline

No son pocas las guías de viaje que muestran consejos de seguridad para el viajero, muchos acertados y de sentido común, premisa básica de seguridad. Pero otra cosa es la seguridad de la mujer que viaja sola. Como Pauline, joven francesa que conocimos hace poco en Chiapas, que lleva nueve meses viajando sin compañía y de un lado a otro del a veces peligroso globo terráqueo, sin incidentes destacables. Algo habrá hecho bien y estamos deseando saberlo, en beneficio de nuestr@s lector@s.

Hace poco unos grandes amigos de Madrid me agasajaron grandemente viniendo a visitarme a México y para pasear este encuentro qué magnífico destino es Chiapas, de tierra riquísima que el verde frondoso brota y que tienen que quitar a machetazos para que no desaparezcan los caminos. Tierra donde uno se puede sentar sobre juncia y escuchar oraciones antiguas de chamulas, subir por el Usumacinta hasta la grandeza maya que aún guardan las piedras de Yaxchilán, agudizar el ojo detrás de caimanes, basiliscos, faisanes, zopilotes y mariposas, sobrecogerse de madrugada con rugidos de monos aulladores, nadar bajo cascadas, saludar al lacandón y, en definitiva, sentarse en lo alto del templo mayor de Bonampak y respirar.

En una de estas aparecimos en Misol Ha. Dado el calor, nos pareció refrescante un baño en el laguito al que cae el agua, y lo mismo pareció a unos pocos turistas y un par de locales. Un amigo no esperó, le pesaban las prendas y se metió al agua antes de que llegásemos el resto. Cuando llegamos vi un par de hombres cuya actitud me pareció vigilante y no me gustó, así que decidí esperarme y cuidar las cosas hasta que saliese uno de mis amigos. Entretanto conocimos a Pauline. Llegó y dejó sus pertenencias en lo más alto de una roca y se metió al agua sin quitarles ojo. Eso es hacer lo que dice el refrán: Nadar y guardar la ropa. Ya una vez en el agua observé que el par de tipos, que tampoco me quitaban ojo, se fueron. Cuando nos retirábamos de Misol Ha, mi amigo reparó que le habían robado la cámara de fotos de su mochila, en los breves instantes en que estuvo sin vigilancia. Bueno, con la vigilancia de los dos tipos. Para quien busca la oportunidad, tiempo suficiente.

Esa noche y la siguiente cenamos con Pauline, con la que entablamos amistad. En algún momento comentamos sobre el incidente y hablamos sobre seguridad. Pensé que Pauline no dejaba al azar su seguridad, hacía una mínima planificación y la cumplía. Y no sólo lo demostraba que a ella no le robaron nada en el lago, sino también el haber viajado nueve meses seguidos por Tailandia, Laos, Birmania, Malasia, Camboya, Indonesia, Australia, Argentina, Chile, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador y México, sola, sin que hubiera sido víctima de ningún delito. Tal vez casualidad o tal vez no, pero le pedí que por favor me explicara qué medidas de seguridad solía considerar en sus viajes, cosa a la que accedió amablemente y le agradecemos.

Explica que, en general, el punto más vulnerable en que se encuentra el viajero es la llegada. En muchas ocasiones con cansancio, después de muchas horas de viaje. Lo que apetece en ese momento es salir de la terminal o la estación e irse a descansar. Ella sin embargo aconseja no salir hasta tener todo claro. Hay que ir al baño a asearse y despejarse, acomodar bien las pertenencias y luego informarse de transportes seguros, alojamientos, etc. Hay que tomarse el tiempo necesario y no salir al exterior alocadamente. Media hora o una hora, lo que haga falta. Para informarse prefiere negocios bien establecidos. Y especialmente que la asesoren mujeres, pues entiende que se solidarizan más con ella.

Cuando viaja en transporte público prefiere hacerlo cerca del conductor. Además de ser una buena manera de informarse, le da una cierta sensación de seguridad el tener la posibilidad de auxilio cerca. Añade que también es bueno fijarse en las caras de las personas que viajan en el mismo medio.

En cuanto a los taxis, siempre se informa de cuáles son los oficiales y sus precios. Y plantea que, especialmente por la noche, es mejor gastar unos pesos en un taxi que andar caminando sola por lugares desconocidos.

Comenta que procura beber muy poco alcohol, pues no quiere perder capacidad. Y no pierde de vista su vaso. Y no va a casa de nadie que no conozca medianamente bien. Tampoco acepta alimentos ni bebidas de desconocidos.

El ser mujer joven y rubia (güera en México) la pone en el punto de mira de muchos hombres que le han hecho una pregunta recurrente en su viaje: ¿Dónde está tu novio? E incluso si tiene hermanos. A diferencia de otras viajeras que, según nos cuenta, van contando que van a reunirse con el novio, aunque éste no exista, ella no miente; dice que viaja sola. Nosotros recomendamos a las mujeres precisamente lo contrario, no aparentar que están solas ante desconocidos, pero ella lo prefiere así. Yo le sugería que al menos dijese que tiene no menos de diez hermanos expertos en artes marciales.

Ante situaciones con hombres que tornan pesados aconseja enfrentarse con humor, de manera que se rebaje tensión. Pone como ejemplo de respuesta a la típica pregunta masculina de si tiene novio, una contrapregunta sonriente: ¿Y tú tienes novia?

Durante este viaje ha tenido un par de episodios incómodos con hombres, que no pasaron a mayores. En ambos casos la defensa consistió en la palabra, firme. Dice que la cuestión, especialmente en ciertos países, es hablar muy asertiva y segura, si bien reconoce que esa capacidad la dan los años, pues piensa que eso no lo podría haber hecho igual a los 18 años. Cree que el secreto está en el tono de voz.

No ha tenido, como decíamos, incidentes de tipo violento. Pero tiene una cosa clara; en caso de sufrir un ataque violento, su defensa sería no hacer nada. Ha escuchado sucesos en que, por defenderse físicamente, la cosa ha acabado peor. Opina que robos hay en todo el mundo en igual cantidad, pero cree que en alguna zonas, como Centroamérica, los métodos son más violentos. Dice que especialmente con los hombres, que suelen ser víctimas de robos en mayor medida. Por eso piensa que es más seguro que la mujer transporte el dinero porque, aparte de ser más cuidadosa, se da por supuesto que lo lleva el hombre.

Durante este viaje ha conocido a mucha gente que también le ha relatado sus experiencias en viajes. Una de estas personas le aconsejó teñirse el cabello de color oscuro si viajaba por países musulmanes, para viajar más tranquila, aunque ella no lo ha hecho.

Le pregunto sobre cómo custodia sus pertenencias y responde que en ese aspecto ella es “como un policía”. En el transporte público siempre mantiene contacto con su mochila, aunque esté durmiendo. También dice que la cartera, prohibida. Es mejor llevar el dinero y cosas de valor bien repartidas y en diferentes bolsitas. Eso diversifica el riesgo y además hace que, por ejemplo, en el autobús, para pagar unas monedas no se tenga que enseñar los billetes. Destaca también la utilidad de lo que llaman en Brasil “la bolsa para el ladrón”, con 100 pesos por si el asalto. Algo similar aconseja si nos gusta la fotografía (como a ella, cuyo blog aconsejo visitar): En la gran ciudad mejor llevar una cámara barata y usar la buena en parajes seguros.

Respecto a la ciudad, cree que es mejor andar sin mochila, sólo con un pequeño bolso que caiga en la cintura por delante, e ir vestido como cualquiera se viste por la ciudad. Parecer local, en definitiva.

Nos habla también de la intuición, cree que es muy buena consejera. Cuando una persona no le parece clara o algo por dentro le dice que se vaya, se va, aunque no sepa bien por qué. Dice que también le funciona bien la intuición femenina para detectar si la siguen, como ya le ocurrió una vez en Brasil. Cree que una mujer nota si alguien se coloca muy cerca, aunque esté de espaldas. En esa ocasión reaccionó de manera muy acertada: se metió en una tienda.

Como conclusión, nos da un consejo que bien nos podría dar un profesional de la seguridad: El exceso de confianza no es bueno. Esto me recuerda inevitablemente a las declaraciones de uno de los escoltas, aún conmocionado, de el ex ministro colombiano Londoño, que sufrió recientemente un atentado en el que murieron heroicamente otros dos escoltas: “Uno nunca piensa que algo así pueda pasar”.

No tenemos que ir asustados por la vida, se trata simplemente de pensar que el riesgo puede ser mayor o menor, pero está ahí y hay que recordarlo, serenamente, para poder disfrutar todo el viaje. Como nuestra amiga Pauline, que al momento de escribir esto creo que ya está de regreso en París, seguramente extrañando tantas personas y paisajes, como la maravilla de la piedra primitiva en la selva mexicana.

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