A la caza del primo

No piense que la llamada de extorsión, desgraciadamente frecuente aquí en México, se limita a aquella en la que alguien le empieza a decir que l@ tiene vigilad@, o que su familiar está detenid@, o secuestrad@, o cualquier historia y, en definitiva, que pague.

Porque son muchas las veces en que quienes le extorsionan de repente dan datos reales sobre usted o/y su entorno que l@ aterrorizan y le dan un barniz de veracidad a la amenaza. ¿Y cómo han obtenido esos datos? Pues a veces hay unas llamadas previas, aparentemente inofensivas, que recolectan su información para luego estallársela en el teléfono.

Otras veces, como ya hemos expuesto anteriormente, la recolección viene de métodos insospechados, pero la llamada interrogadora es un clásico. Nosotros ya la hemos recibido y le queremos poner alerta. Hace poco nos llama una mujer, que perfectamente pudo haber marcado el número al azar, o no, y lo primero que pregunta es “¿Quién habla?”. Como estamos preparados para esa contingencia y no obtiene como resultado que nos identifiquemos, insiste con la misma pregunta, pero no se identifica ella y entonces colgamos. Pero vuelve a llamar y sorprendentemente cambia de estrategia y, cuando le volvemos a preguntar quién es ella, ahora nos dice en tono simpático que cómo que no sabemos quién es. Le respondemos entonces un nombre femenino poco común y ¡bingo! Vaya, acertamos. La señorita no obtuvo nada de provecho de esa llamada, ni de alguna otra que incluso hubo después.

Pero llama la atención la insistencia, ante la cual, hasta quienes estamos preparados para estas cosas, en un principio pensamos, por la tendencia natural a encontrarle sentido a lo que nos rodea, que podría ser una clienta o una amiga que en ese momento no reconocemos. Y si ahí fallamos, esta interlocutora seguro que hábilmente nos saca información, que luego suministrará a sus cómplices, para más adelante meternos el miedo en el cuerpo y pedirnos dinero, que es el objetivo de tanto esfuerzo y malicia.

Incluso en una de las llamadas que ocurrieron después no se escuchó nada, desconcertante silencio, ante el cual cualquier persona puede tener la tentación de hablar de más, o que quizá permita escuchar algo interesante de fondo. En este caso no funcionó, por lo que probablemente se irían en busca de otra víctima, otro “primo” en el sentido de la quinta acepción, coloquial, de la RAE: Persona incauta que se deja engañar o explotar fácilmente. Y lo cierto es que cualquiera podemos serlo, sólo es cuestión de que no estemos alerta o de que sofistiquen los medios.

Como solemos comentar en nuestros cursos, en muchas ocasiones los métodos de investigación legales no difieren mucho de los métodos que utiliza el hampa. Este tipo de artimañas las conocemos los profesionales, sólo que los fines a que destinamos la información obtenida son también legales, y quién sabe cuáles son los que persiguen los delincuentes.

Por eso permítanos el consejo y siga esta máxima sencilla: Cuando le llamen por teléfono y no conozca a la persona que habla, es ésta quien debe dar la información, no usted. Es decir, quien llama informa, no al revés, que no le tomen por primo.

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