Pink Floyd y la batalla cotidiana

Qué buen concierto el de Roger Waters este pasado fin de semana. The Wall, menudo espectáculo de luz, onirismo y sonido. Que a veces del ingenio sonoro parecía que un helicóptero de guerra invisible volaba encima de nuestras cabezas y después lo que estaba encima de nuestras cabezas era un jabalí-zepelín pintado con leyendas como “Todo estará bien”. En definitiva, una rítmica alegoría bélica y pacifista. Y un musicón.

Cuando salimos, hubimos de caminar un buen rato porque a la ida estacionamos lejos, con el fin de no vernos después en el atasco inmenso de coches que siempre se produce en torno al Foro Sol. Una vez en el coche en marcha quisimos acortar por un pequeño paraje que estaba siendo usado de estacionamiento. Pues ahí nos sale un tipo que se pone delante del coche con malos modos y nos prohíbe el paso. Uno de los que estaban cobrando un dineral por permitir a los conductores aparcar sin que le pasara nada al carro.

Le pedimos respetuosamente que nos deje pasar, que sólo queremos atravesar para agarrar Viaducto sin tener que dar un rodeo enorme y congestionado. Pues el tipo, que no. Le decimos que ya hemos pagado al cuidador de más arriba, donde estacionamos, y el tipo responde que a él no le hemos pagado. Lo siguiente que le decimos es que nos deje pasar ya porque eso es un espacio público. Y el otro que no, que ahora ellos están allí trabajando -señala a dos tipos sentados viendo el box en una tele conectada a una batería- y que no quieren que nadie pase por ahí. Omite decir que a no ser que le soltemos una lana, que le paguemos, vamos.

Cuando ya lo que nos resta decir es que entonces vamos a llamar a la policía, a las voces crecientes acude uno de los tipos, parece que algo más razonable, y dice que vale, que nos van a dejar pasar, pero que en realidad no se puede porque, en otras palabras, estando ellos allí, ellos son los dueños del terreno.

No estamos en contra de los franeleros pidiendo dinero por cuidar el coche, pero sí de que se presenten legítimos dueños de un espacio que es de todos. Y hasta nos podría dar igual que otros participasen en el negocio, invisibles como el helicóptero. Ok, lo podemos asumir. Pero que no ataquen la libertad de movimiento, la libre circulación de los ciudadanos por el territorio público de México. Eso no lo deben permitir las autoridades del DF. Se trata de la seguridad de todos.

Pero claro, ya es tan común la usurpación del suelo público que cualquiera se cree con el derecho de apropiarse de su cachito. Se nos ocurren algunos ejemplos clásicos: las casetas de vigilancia de los condominios que ocupan la banqueta pública (para qué malgastar sus metros privados) o los particulares que directamente cierran la calle pública, no necesariamente ciega, y por ahí ya no pasa nadie. O los que cercan un cacho de banqueta (acera) y extienden su jardincito. Y qué decir de los talleres al aire libre. Y por supuesto es representativo el comercio informal y los ambulantes.

En fin, pero no crean que sólo los negocios modestos son seguidores de esta práctica. Un concesionario de coches de la marca de lujo de una automotriz japonesa, se ha establecido aquí en la Ciudad de México. La agencia ha comprado unas instalaciones adyacentes a un parque público, el cual de repente también se ha convertido en parte del concesionario, en exposición permanente. Es decir, el parque está lleno de coches exhibidos en diferentes posturas. Pero no es eso lo grave. Lo grave es que por la noche pusieron a unos guardas cerrando el paso a los transeúntes, argumentando propiedad privada, cosa abiertamente falsa. Los vecinos se empezaron a quejar y parece ser que al menos ya están permitiendo que a cualquier hora se pueda caminar por el parque, como se ha hecho toda la vida, aunque ahora entre lujosas camionetas.

No sé por qué intuyo que de nos ser por las protestas de los interesados, poco a poco se iría oficializando la situación y en unos años podría ser uno más de los espacios arrebatados a los ciudadanos, los legítimos y verdaderos dueños del mismo. La recuperación de espacios públicos, clave para la cívica y pacífica vigilancia informal, y el desarrollo de la seguridad comunitaria. Qué bonita letra la que me hizo ver mi esposa de la canción Hey You, del ex de Pink Floyd, Roger Waters: Don´t give in without a fight.

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