Empatía ante el delito

Hace poco mantuve una conversación casual con un señor al que una vez le hicieron unos cargos fraudulentos en su tarjeta de crédito. Ello me lleva a hacer unas breves reflexiones sobre la empatía en la prevención e investigación del delito.

Sobre empatía y prevención ya se ha hablado mucho. En seguridad algunos pensamos que la capacidad para imaginar los procesos mentales de quien delinque es clave para diseñar planes de seguridad. En términos coloquiales, el ponerse en el pellejo del otro, que tan buenos resultados da para no herir a l@s demás, también sirve para evitar que nos hieran, incluso físicamente, pues podremos anticipar y poner trabas.

Y más coloquialmente todavía, y observe el caso práctico, lo explica Stuart McClure, el nuevo CTO (Chief Technology Officer) de McAfee: “To beat the bad guys, you’ve got to think like the bad guys,” Es decir: “Para vencer a los chicos malos, tienes que pensar como los chicos malos”. Y añade que esa es la mejor manera de protegerse uno mismo.

Y de verdad este hombre pone en práctica tal principio, porque creó una unidad llamada Threat Research and Counterintelligence Experts (TRACE), esto es, Expertos en Contrainteligencia e Investigación sobre Amenazas, compuesta por un equipo de elite de especialistas en hacking, que se dedican a hacer barrabasadas en los sistemas y comprometerlos éticamente de forma que anticipen vulnerabilidades y solución.

También se habla mucho de la empatía en los tratamientos a delincuentes. Pero en otro sentido. Diversos estudios argumentan que el tratamiento psicológico que fomente la empatía hacia la víctima puede evitar que el delincuente reincida, pues la próxima vez éste sí será capaz de visualizar las consecuencias de su acción, y eso lo puede frenar. En definitiva, la educación, las familias, también pueden frenar que los jóvenes delincan, haciéndoles ver lo que sienten los demás ante la agresión o la injusticia.

Se podría decir que lo ideal es que los delincuentes desarrollen empatía hacia las víctimas para no atacarlas, conociendo lo que sufren, y las víctimas hacia los delincuentes para no ser atacadas, conociendo cómo lo hacen operativamente.

Pero en lo que a prevención operativa se refiere, eso de pensar como los chicos malos, que intuitivamente parece que nos librará de ellos, no es tan fácil. Ni en lo virtual ni en lo físico. Sobre la motivación del delincuente se han escrito tratados y tratados criminológicos. No es suficiente ver películas o conocer a algún malhechor para saber como piensan todos. Baste aquí el ejemplo del señor al que nos referíamos al principio, el cual me cuenta:

– Pues yo fui al banco a pagar mi tarjeta y fíjate qué casualidad, que esa misma noche me hicieron cargos por tantos mil pesos.

– Ah, ¿no te parece casualidad?

– Claro que no, porque fue el mismo (#@!!) cajero. Y cuando me di cuenta fui a hablar con el director para que me devolvieran el dinero y se lo dije, que seguro que fue ese tipo.

A pesar de que su hipótesis, que el empleado le había clonado la tarjeta, era factible, no me pareció lo más probable. Intenté explicarle que no es un modo operativo habitual que un empleado, normalmente bajo rigurosos controles de seguridad, se arriesgue a perder un buen empleo por una suma relativamente pequeña, pues si no lo agarran a la primera, lo harán a la segunda. Y más de un modo tan ingenuo: hacer los cargos esa misma noche.

Sin embargo eso era precisamente lo que a este señor le parecía más definitivo, la inmediatez porque, según me dijo, si él fuera el delincuente, querría disfrutar del dinero lo antes posible. Seguía cerrado en su hipótesis y añadía que antes de ir al banco llevaba dos semanas sin usar la tarjeta. Es decir, creía a un delincuente incapaz de esperar dos semanas. Dos semanas que podrían traer muchos más pagos a esa tarjeta y por tanto muchos más sospechosos, que enredasen la investigación de tal forma que impidiesen el efectivo rastreo del verdadero autor para una cuantía moderada. Y ello le permitiría seguir operando a largo plazo. Desde luego sí hay muchos delincuentes caracterizados por la impulsividad, pero no todos, como pensaba este señor, que no sería buen investigador pero afortunadamente tampoco un buen delincuente. El buen delincuente (en el sentido técnico), hace esfuerzos por garantizarse la impunidad.

El exceso de confianza, el pensar que se puede pensar como el otro, sin ponerse en sus zapatos, es un gran obstáculo en la prevención e investigación del delito. Gran error pensar que se puede casi a simple vista distinguir a los chicos buenos de los chicos malos. En eso radica tantas veces el éxito de estos últimos.

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