Cómo confiar nuestros datos

- Vengo a devolver este foco, lo compré ayer pero resulta que no sirve para mi lámpara. Lo pagué en efectivo. Aquí está el tique.

– Ah, muy bien. Ahora le devuelvo su dinero. Dígame su nombre, dirección y teléfono.

Esta situación es real. Ya la expusimos anteriormente, nos ocurrió en una tienda de una conocida cadena de bricolaje. Por supuesto no se nos informó del destino que iban a tener esos datos ni qué cuidado se le iban a dar.

Una vez que los datos entran en una computadora ajena, les decimos adiós y no sabemos cuándo los volveremos a ver. Quizá nunca o tal vez los volvamos a ver en el sobre de una carta de publicidad de la empresa que los recopiló, en el mejor de los casos. En caso peor, en forma de carta o llamada mercadotécnica de otra empresa a la que no autorizamos para comunicarse con nosotros. En el caso pésimo, en forma de llamada de extorsión en la que nos hablan por nuestro nombre y nos dicen que nos tienen vigilados en nuestro domicilio tal. Esto ocurre en México.

Las empresas las componen personas y las personas las componen biología, historia y circunstancias. Y muchas personas trabajan hoy aquí y mañana allá, y tienen amistades aquí y allá. Ahora en México, con la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de Particulares, creemos que las empresas van a cuidar mejor los datos que recopilan. Pero como usted los cuida, nunca nadie los va a cuidar.

Porque, por muy buena fe, y aún diligencia, que tenga la empresa, es susceptible de ser atacada por la información que posee, para tal vez luego atacar a los usuarios. ¿Ejemplos? Incontables. Uno reciente: Fíjese que una empresa como Sony, en la que cualquiera confiamos, fue víctima de un robo de información de sus clientes. De más de 70 millones de clientes. Datos personales, incluyendo algunos tan sensibles como los bancarios, que no duden que andan ahora mismo dando vueltas por el mundo, comprados por quién sabe quién.

Si Sony es incapaz de evitar un ataque así, ni tan siquiera hoy día agencias gubernamentales se están librando, imagínese la cadena de bricolaje o el establecimiento de comida a domicilio. Siempre nos encontramos ante la misma situación con las personas que nos cuentan que han sido extorsionadas por teléfono: “No tengo ni idea de cómo sabían mi nombre y mi teléfono y que vivo en tal sitio”. Quizá eso le resulte familiar cuando recibe correo físico o electrónico no deseado. No desperdigue sus datos alegremente.

Por supuesto los datos se pueden obtener de múltiples maneras, también de directorios, en internet, por ejemplo. O pueden haber sido robados de una base que almacenó los datos de aquellos ciudadanos que amablemente respondieron una encuesta, en la que se les ofrecía como recompensa participar en un sorteo. Porque muchas veces se pone más empeño en recopilar los datos que en hacer el esfuerzo de protegerlos. Lean este interesante artículo, referenciado por belt.es, escrito por el equipo de securitybydefault.com, y sabrán de que les hablamos.

Como conclusión, no sea ingenu@. Asegúrese de que los datos que le solicitan son imprescindibles y luego decida si darlos o cómo darlos. Asegúrese de que la organización que se los pide da muestras de que los tratará con respeto y hace por los menos algún esfuerzo por cuidarlos. Un buen indicio es el aviso de privacidad a que obliga la nueva normativa de protección de datos aquí en México, infórmese en la propia web del IFAI (Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos). Cómo confiar nuestros datos si no nos dicen para qué los quieren o qué van a hacer con ellos. Lo dicho, como usted, nadie los va a cuidar.

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