Por qué el Pacto Mundial

De las diferentes iniciativas que fomentan la Responsabilidad Social Empresarial, a nosotros, que somos una pequeña empresa en el sector de seguridad e inteligencia privada, el Pacto Mundial de Naciones Unidas es la que más nos gusta. Y aunque tuviéramos otro tamaño y estuviéramos en otro sector. Hay unas cuantas más, que nos agradan, que incluso son complementarias y que, en definitiva, son meritorias maneras de decirle al sector privado que tenemos que hacer por la sociedad algo más que generar riqueza y cumplir leyes. Pero nos decantamos por Pacto Mundial.

Antes que nada, ¿qué es este Pacto Mundial de Naciones Unidas? En síntesis, el Pacto Mundial es una iniciativa voluntaria, promovida por la ONU hace algo más de diez años, en la cual las empresas se comprometen a alinear sus estrategias y operaciones con diez principios universalmente aceptados, en cuatro áreas temáticas:

– Derechos humanos

– Estándares laborales

– Medio ambiente

– Anticorrupción

Nosotros vemos en el Pacto Mundial ciertas características que lo distinguen. Estas son, entre otras:

+ Énfasis en la lucha contra la corrupción. De sobra conocemos la nocividad de la corrupción; sólo recordemos que es un obstáculo al crecimiento económico de los países, de las propias empresas y es un vehículo en el que monta la delincuencia organizada para alcanzar mayores velocidades allí donde opera. La iniciativa Pacto Mundial añadió con acierto el área anticorrupción en 2005, igualándola en importancia con las otras tres, pues Naciones Unidas es consciente de que una empresa no puede ser responsable si de algún modo contribuye a que se perpetúe la corrupción.

Si alguno piensa que en fin, para qué luchar, pues sabemos de algún país con altos niveles de corrupción en sus  empresas y que está alcanzando cotas de crecimiento económico bárbaras, piense si la reputación de tal país le va a permitir liderar los momentos venideros de la historia, cuando ya se empieza a hablar de gobiernos abiertos, algo así como gobiernos open source. Nosotros pensamos que no, que sólo aquellas naciones con un tejido empresarial transparente podrán ser líderes.

+ Esta iniciativa está promovida y respaldada por la ONU, a la que su prestigio precede. Respaldada por Naciones Unidas que, además, es una fuente de información y recursos invaluable. Sus bases de datos y análisis transnacionales son de un rigor que nadie pone en duda. Y además, a nuestro alcance.

+ La adhesión a este pacto es la incorporación a una red. Una empresa que está firmando este pacto siente que pertenece a un conjunto de empresas que comparten filosofía. Y de hecho es así. Y estamos hablando de más de 8.000 empresas en 135 países, pues estamos ante la iniciativa de este tipo más grande en el planeta. Participar en red se está determinando como la mejor manera de cambiar las cosas en el futuro. Por eso está claro que no basta con decir I love Global Compact, hay que organizarse y ponerse manos a la obra.

+ Es una iniciativa en esencia voluntaria. Detengámonos en esto. En responsabilidad social empresarial nos hallamos ante la siguiente dicotomía: por un lado tenemos la obligación moral de retribuir a la sociedad. Por otro, debemos hacerlo libremente. Dado que la responsabilidad social parte de la buena fe para mejorar las cosas, la libertad de acción que da el Pacto Mundial es determinante para la efectiva mejora social. Porque es consustancial a la libertad y porque en muchos casos pasa por la innovación. Creemos que, de las principales iniciativas, es la que provee un formato más abierto y flexible. Y eso es lo que hace falta para fomentar la innovación social en una época en que medidas atrevidas se muestran eficaces. Pongamos por ejemplo al activista hindú Anna Hazare, un señor de setenta y cinco años que, mediante una huelga de hambre, ha conseguido revolucionar la India y no sólo que su gobierno le escuche, sino que haya emprendido medidas legales, reales, anticorrupción. Pacto Mundial no encorseta la imaginación, ni limita a la baja ni a la alta. Al cabo del año, la empresa cuenta lo que ha hecho por su entorno, mediante informes COP (Comunicación sobre el progreso), los cuales obligan a una frecuencia anual, pero no a un contenido estándar. Ello sirve de noble estímulo para sí misma y las demás empresas. Y es sencillo. En una empresa grande puede ser útil estandarizar y tratar todas las variables y vertientes de la responsabilidad social; en una pequeña o mediana empresa no necesariamente. Y su flexibilidad le permite la integración con otras iniciativas como GRI, ESR de CEMEFI, ISO 26000, etc.

En el anteriormente comentado 9ª Congreso Internacional de Responsabilidad Social que organizó COMPITE, en el que estuvimos hace un par de semanas, pudimos escuchar a Rodolfo Sagahón, que está al frente de esta batalla ejemplar de Naciones Unidas en México dirigiendo la red local. Explicaba que reciben, por ejemplo, informes COP de empresas que cuentan que, en su afán de proteger el medio ambiente y ahorrar energía, han cambiado unos cuantos focos, como Anna Hazare puede contar que ha cambiado unas cuantas leyes. Todo suma.

En el mismo congreso, Antonio Vives, consultor que se permite decir lo que le apetece sin por ello perder razones, a su vez contaba que no le gusta hablar de “empresas responsables”, denominación difícil de probar en su totalidad, sino de empresas que realizan prácticas responsables. Añadamos que esas prácticas han de llevarse a cabo sobre todo en las áreas que mejor conocemos, donde más útil será nuestra aportación. Si somos empresa de seguridad, en seguridad, si somos empresa farmacéutica, en sanidad. Tampoco es partidario Antonio Vives de que se exhorte a pequeñas empresas a que velen por objetivos muy alejados para ellas, como frenar el cambio climático. Algunas ni tienen un triste refrigerador que emita CFC.

Para nosotros, Pacto Mundial, con su capacidad de adaptación a cualquier tamaño y giro de empresa, es la iniciativa más sugerente en Responsabilidad Social Empresarial. Bob White, consultor cuya ponencia versó acerca de la responsabilidad social basada en ISO 26000, no concebía que en las mesas de los asistentes a un congreso sobre responsabilidad social no estuviera viendo el texto de dicho estándar. Esto, porque considera la norma ISO el referente fundamental e integrador de todas las demás iniciativas, una guía que ha sido diseñada por numerosos expertos internacionales, entre ellos el propio ponente. Nosotros pensamos que es precisamente en un congreso como el que asistimos, que representó tal marco plural, donde el empresario puede buscar la opción que, de entre todas las expuestas, se adapte a sus necesidades y las de sus grupos de interés. Y para hallarla le podrán ayudar expertos, que nunca le impondrán lo que hay que hacer sino le informarán y motivarán.

Y volvemos a lo mismo, a un voluntario no se le podría decir: Haga usted tantas horas protegiendo huevos de tortuga para que lo consideremos voluntario, porque entonces hasta la RAE negaría que él es un voluntario, pues su decisión no nacería de la espontánea voluntad, sino de la obligación. De la obligación de ser considerado como tal. No nos tiene que preocupar tanto el que nos consideren “empresas responsables” como el serlo. Si así nos consideran y lo somos, muy bien. Si profesionales especialistas nos asesoran para serlo más aún, perfecto. Pero serán las obras quienes finalmente hablarán de la empresa.

Pongamos otro ejemplo. En Brasil, el pasado 7 de septiembre, miles de manifestantes salieron a la calle, vestidos de payasos, para protestar contra la corrupción. No sabemos a qué obedeció la elección de tal disfraz, pero no está exento de simbolismo, más en países en que fluye el dicho “el que no transa no avanza” y termina pareciendo que aquel que no corrompe o no se corrompe es un payaso que, al final, como el payaso de la canción de Javier Solís, en cofre de vulgar hipocresía ante la gente oculta su derrota. Si en la empresa nos vestimos de payaso y con zapatones pateamos la calle manifestando nuestro rechazo a la corrupción, o simplemente explicamos a la sociedad cómo se materializa nuestra lucha, lo podremos contar en el informe COP. Y este informe podrá significar bastante en la lucha global contra la corrupción. Algunas conductas no tienen los mismos significados en las diferentes culturas, como podría ser la práctica de hacer regalos. Creemos que serán las propias empresas, mediante la comunicación de sus experiencias vía COP, las que irán acotando esas connotaciones culturales y creando un modelo que podrá servir de ejemplo a otras.

Ahora bien, no sostenemos que el Pacto Mundial sea la iniciativa perfecta. Creemos que es un problema a resolver la no admisión directa de empresas de menos de diez empleados, por parte de la oficina central de New York. Aparte de que todos sumamos, precisamente es en la lucha contra la corrupción, esa que distingue al Pacto Mundial, donde más necesidad hay de implicar a la pequeña empresa. Porque es la más vulnerable a la oferta de corrupción, es la más desinformada y la que cuenta con menos recursos de defensa. Después, nos contaba Rodolfo Sagahón, el director de Red Pacto Mundial Mexico, que las redes locales del Pacto Mundial trabajan en mecanismos de integración para estas empresas.

Por otra parte, esta iniciativa recibe crítica por la falta de una supervisión estricta sobre la actividad de sus miembros, lo cual conlleva el ocasional abuso por parte de algunas empresas, que usan el Pacto para darse una imagen bonita en la mera superficie. La manipulación es un costo natural de los sistemas de información, mayor cuanto más abiertos sean. Fíjense en lo que ocurre en Internet, si bien las manipulaciones no le quitan la grandeza. Al igual que ocurre en la red virtual, probablemente habrá de pasar por los propios usuarios la supervisión y mejora del funcionamiento de la red del Pacto Mundial.

Quién puede resistirse en México a unas tostadas pletóricas de chapulines, que riquísimos crepitan como ascuas entre dientes y llaman a una cervecita, o en España a un cocido madrileño, ternura de garbanzos con su correspondiente tocino, prisma de grasa sabrosa, precedido de olivas ya picantes por largo emparentado con guindillas, y que igualmente llaman a la cerveza. No somos Anna Hazare ni necesitamos en la empresa renunciar a la cortesía y al placer gastronómico, al que podemos o nos pueden convidar sanamente, ya un cliente, ya un proveedor, tantas veces nuestro amigo. Pero tampoco debemos dejar que ese placer nos lleve a tomar decisiones antieconómicas, ilegales o simplemente injustas, que llevaría a que alguno nos considerase “mercenarios por un plato de lentejas”, como decía el difunto Jesús Gil de los jugadores del equipo contrario, cuando era presidente del Athletic de Madrid. En lo público, contaba el juez Garzón aquí en México que hay circunstancias en que los jueces mejor no se han de dejar invitar, ni a una comida. Cada empresa tiene sus circunstancias y sus razones. De momento podría ser bueno empezar por dejar clara la política de la empresa al respecto y comunicar que tenemos tal política. En la lucha contra la corrupción y, en general, en la mejora de la sociedad, cada uno debemos aportar algo en la medida de nuestras posibilidades y en el contexto concreto. Eso lo incentiva, a nuestro entender, el Pacto Mundial de Naciones Unidas, una iniciativa que mueve la más genuina voluntad de hacer las cosas de manera responsable. Por eso, entre otras cosas, es la que más nos gusta.

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