La sonrisa en seguridad y sueldos policiales

Ding-dong. Agente de policía en la puerta. De la SSP-DF, policía local del Distrito Federal. Y aunque tenemos hábito de tratar con policía, siempre inquieta un poco cuando uno no la espera, más sabiendo que por aquí hay quien tiene la desconcertante costumbre de ataviarse de policía para cometer delitos. Preguntamos qué desea y nos dice que realizar una encuesta. Nos da buena impresión, nos parece correcto el motivo y atendemos al agente.

Enseguida reparamos en que en la mano lleva una octavilla con algún texto y tres fotos oscuras, tamaño carné, de rostros masculinos de frente en blanco y negro. Reparamos también en que las expresiones de tales rostros son serias, graves, como de emoticono enfadado o triste. Viendo eso, y por la necesidad que tiene el humano, cuando tiene algo de susto, de rápidamente encontrar sentido a lo que ve, me da por pensar que parte de las preguntas del agente es si reconozco a unos prófugos o algo así. Pero no, el texto es información de contacto del módulo policial más cercano  y las fotos son de policías, jefes de cuadrante.

La visita, que se produce en términos muy cordiales, obedece al programa “Policía de Proximidad” que puso en marcha el Gobierno del Distrito Federal en 2008. Este programa busca el encuentro del policía con el ciudadano, que ambos se conozcan, recoger de voz del ciudadano sus preocupaciones e información valiosa sobre las vulnerabilidad reales de la zona. Este programa organizó, a efectos policiales, algunos barrios de la capital por cuadrantes, a los que se adscriben en exclusiva un número determinado de patrullas. Estas patrullas llevan en el coche un teléfono celular, que le proporcionan al ciudadano. Esto puede hacer mucho más ágiles las posibles intervenciones en caso de emergencia. Además, repartiendo fotos, se pretende que el vecino conozca la imagen física de su protector, lo cual, además de cierta familiaridad, produce un cierto efecto en términos de prevención de la corrupción. En fin, una iniciativa que nos gusta. Esta iniciativa ya está implantada con éxito en algunos países, como Chile, que de hecho inspiró y apoyó la del DF.

Resultaría inusual en España recibir en casa la visita de policías con objeto de proporcionar sus fotos y el teléfono móvil de la patrulla. En España, si no recuerdo mal, originalmente la policía de barrio fue una iniciativa de Policía Nacional, aunque luego pasó a ser más bien competencia de las policías locales, entre las cuales fue pionera la policía de barrio de Valencia. Y han basado el modelo de proximidad en la cercanía en la calle; interactúan y suministran información de seguridad mediante patrullaje a pie, visitas a comercios y escuelas, corríjanme si me equivoco, mas no a domicilios. Lo cual también tiene su lógica, pues es un asunto delicado la visita al domicilio y más de uno pensaría que obedecería a efectos de control o que invadiría la privacidad. A nosotros, particularmente, nos parece muy correcta la visita, siempre y cuando los visitantes sean confiables y los datos obtenidos tratados con sumo cuidado.

Creemos que este programa de la SSP-DF, a cuyo frente está Manuel Mondragón y Kalb, es muy positivo. Pero es nuestra obligación como criminólogos hacer recomendaciones en pro de la mejora del servicio. Sabemos que la Seguridad Pública no es el McDonalds y las fotos de los policías no son las del empleado del mes, pero echamos en falta más visión estratégica en pequeños detalles: Que las fotos muestren a los policías que nos protegen sonriendo, aunque sea levemente. En el libro “El mono desnudo“, clásico tratado de zoología humana, Desmond Morris nos cuenta que la sonrisa es una señal muy especializada del humano, evolucionada como un procedimiento amistoso de atracción, y que implica no agresividad. Aparece aproximadamente a las cinco semanas de edad del bebé, y es un mecanismo de éste para buscar la seguridad de su madre, un modo de decirle aquí estoy, te quiero, protégeme. Busca la fijación del vínculo hijo-madre. Los patos lo consiguen siguiendo a su mamá, los monos colgándose de ella y los humanos sonriéndole. Entonces, la mamá le devuelve la sonrisa al bebé y éste empieza a sentir que todo va bien. La sonrisa es un mecanismo subjetivo de confianza.

Por ello, si los policías sonríen, aunque sea en la foto, la percepción de seguridad del ciudadano se elevará y en consecuencia la seguridad objetiva probablemente también. Por supuesto en la seguridad privada ha de ocurrir lo mismo. Los agentes de seguridad privada deben transmitir confiabilidad, honestidad y capacidad de ayuda a los usuarios, y esto también se consigue a través de la buena disposición, como puede ser un gesto de sonrisa. Los destinatarios de la protección privada también se sentirán más a gusto en sus manos, y las personas del entorno estarán más cómodas ante su presencia. Y, ante un posible conflicto, paradójicamente la resolución podrá llegar antes con una buena disposición, amable, como la del agente que nos visita. En la calle la disposición ha de ser analítica, y pacífica. Aunque por desgracia la solución pacífica no siempre sea factible. No dudamos que una expresión curtida y de dureza impone respeto a los delincuentes, pero se trata de una cuestión de convivencia y prioridades.

Ahora bien, ¿la sonrisa implica felicidad? Aquí en México, la policía no goza de la misma consideración que en España. En un momento de la entrevista, hasta me enternece el comentario tímido del agente de que en algunos condominios (urbanizaciones) no les dejan entrar. Los conserjes les prohíben la entrada. Eso también resultaría inusual en España. Pero hay más. Están los sueldos. Comenta Julio César García, presidente de la Sociedad Mexicana de Guardaspaldas (SMG), que en México ser policía no es un honor, sino una necesidad. Dicha asociación de escoltas realizó un interesante estudio, tras el que sostiene que en México un limpiaparabrisas, de los que trabajan en los semáforos, puede ganar más que un policía. Véase el siguiente vídeo:

httpv://www.youtube.com/watch?v=MQILarJvqJU

En algunos estados de la república un policía municipal gana 3500 pesos; a la fecha de hoy, el equivalente a 195 euros. No es un error, lo he calculado dos veces. Dice también Julio César García: “Este fenómeno radica en que no hay políticos, legisladores o gobiernos que se preocupen por resolver la desigualdad. Todo el mundo está exigiendo a los policías y está calificándolos de corruptos, pero nadie está haciendo nada por mejorar las condiciones de vida de estos seres humanos, porque son seres humanos”. Lo cierto es que un sueldo así no atiende a los derechos laborales de un trabajador de máxima responsabilidad, que pasa estrés, que tiene turnos complejos, que corre notables riesgos y que tiene dignidad.

La corrupción no tiene justificación, pero sí factores desencadenantes. Uno, un sueldo irrisorio. La Seguridad Pública contempla determinados incentivos económicos al buen desempeño policial. Pero no es suficiente. E imagino la dificultad del gobernante para mover partidas presupuestarias, pero existen alternativas. Por ejemplo, la propia policía podría generar mayores ingresos con la recaudación de multas, cuyo importe creemos que habría que aumentar. Más en una ciudad tan sobrecargada de coches. Sé que este comentario causará antipatía a más de uno, pero nosotros preferimos pagar más por nuestras infracciones, que tener una policía mal pagada. Algunas multas por exceso de velocidad no llegan a los 300 pesos (poco más de 15 euros). Y luego están algunos vehículos, especialmente camiones, a escape libre, produciendo un ruido infernal, que disturba el sueño de nuestros hijos y el aire que respiran. Existen vías de generar ingresos para los policías, que repercutan en su bien y en el del resto de la ciudadanía.

Páguese mejor a los policías. Lo merecen, trabajarán mejor, sonreirán más y no darán susto ni en la foto ni en persona.

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