Poderío del rumor

El pasado puente patrio estuvimos en Oaxaca. Allí llegaron en el siglo XVI los frailes dominicos. Viajaban solos o en pareja, y atravesaban ríos y sierras con los zapatos al hombro. Y pasaban unas penurias que ríase usted de ese aventurero de la televisión, “El último superviviente”, que trepa montañas y por subsistir come hasta las piedras. Estos misioneros, además de mantenerse vivos, evangelizaban, diseñaban y edificaban. Para abastecer de agua el Convento de Santo Domingo, iniciaron la construcción de un modesto acueducto. Dos siglos después le siguió otro para abastecimiento de más población.

El agua es sustancia tan vital que su ausencia puede hacer perder guerras. Oaxaca ha vivido unas cuantas. Contaba la megafonía del camioncito turístico que las luchas por el control del acueducto y, por tanto, por el suministro del agua, tradicionalmente eran cruentas. En la Guerra de Reforma parece ser que el invasor empleó una técnica menos destructiva pero igual de efectiva: el rumor. Bastó el mero anuncio y propagación de un supuesto envenenamiento de las aguas del acueducto, para conseguir el mismo efecto. Esto es, que el enemigo se quedase sin líquido. Pero ni fue técnica nueva, ni se dejará de emplear. En 2002, en Colombia, Radio Caracol difundía la noticia sobre un rumor del envenenamiento de un acueducto, en Pitalito, por parte de las FARC.

Cuando el rumor es instalado desde dentro de la comunidad destinataria, los efectos son más perjudiciales. En la Guerra Civil española, la Quinta Columna, como se denominaba al batallón encubierto compuesto por civiles partidarios de Franco en las zonas republicanas, hizo un trabajo constante de desgaste del enemigo. Este batallón era el encargado de difundir, metódicamente, noticias derrotistas, unas ciertas y otras falsas. Según algunos historiadores, tuvo un papel muy destacado en la victoria del bando insurrecto. Los rumores quintacolumnistas que más éxito tenían eran los relativos a los alimentos. En general, los rumores que mejor asientan son los relativos a las necesidades básicas humanas; especialmente alimentación y seguridad. Tanto se temía el empleo de esas técnicas, que se castigaba con la muerte a los presos por estas acciones. Hoy día el rumor sigue espantando y tratándose de combatir desde el poder público. Ejemplo de ello es el caso de los twitteros de Veracruz. Según fuentes oficiales, dos personas, un maestro y una periodista, hace cosa de un mes, difundieron por Twitter de forma coordinada mensajes propagando noticias falsas sobre balaceras y crímenes. Esto causó pánico en la población, especialmente en padres, que corrieron a por sus hijos a las escuelas, produciéndose varios accidentes. Los causantes de esos rumores a través de la red social fueron detenidos, acusados de terrorismo y encarcelados. Ayer aprobaron los legisladores, dada la controversia que ha causado esa tipificación penal, una iniciativa para encuadrar esas conductas en una figura denominada “perturbación del orden público”. Al momento de escribir esto, hace unas horas que los dos twitteros han salido de prisión; la Procuraduría ha desistido de los cargos.

En cualquier caso, no resulta extraño que el poder público quiera disuadir del empleo de esas técnicas. Con la extensión masiva de las redes sociales, aparece un campo fértil para el rumor. Son tradicionales los rumores vía email, pero herramientas como Twitter son mucho más ágiles. La empresa también recibe daño con esas armas. Que se lo digan a Coca-Cola. O a Apple. En 2007 contaba Enrique Dans que una noticia falsa publicada en Engadget hizo caer la cotización de Apple más de un 4% en seis minutos. Figúrese. Se trataba de un rumor que anunciaba retrasos en el lanzamiento de productos estrella. Los atacantes introdujeron la supuesta noticia en el servidor de Apple y desde ahí un empleado, que la dio por buena, la filtró a los medios vía email. Los rumores que vienen de dentro, los más eficaces, como decíamos. Como Apple, paradójicamente, no estuvo rápida en el manejo de las tecnologías sociales para contrarrestarlo, el bulo adquirió mayor difusión y fuerza.

Otro ejemplo de gran empresa víctima del rumor ha sido Danone. Ante la persistencia de la campaña de desprestigio hacia uno de sus productos, decidió poner en la portada de su web española un apartado bien visible llamado “La verdad del bulo sobre Actimel”. Al acceder, abiertamente se habla sobre tal rumor y se desmiente con argumentos científicos. No existe una doctrina única sobre cómo combatir los rumores, pero hay cierto consenso en que lo ideal es desmentirlos en los mismos medios en los que aparecen y con la misma difusión, con datos contrastables, con claridad. Cuanto antes mejor. Algunos piensan que, si resulta posible, hay que desmitificar el rumor, es decir, detallar cómo se ha elaborado y por qué. Lo cierto es que hay rumores muy sofisticados y elaborados por buenos conocedores de la psicología humana, que incluso los adaptan a la coyuntura cultural para moverlos mejor. En esos casos, hasta la sabiduría popular está en contra de la víctima: “cuando el río suena, agua lleva”. Mas conocer las características técnicas del rumor ayuda a combatirlo. Prevenirlo es difícil, pero si aparece, es vital detectarlo a tiempo. Aunque no tenga experiencia en contrainteligencia, la empresa ha de tener bien configurados sus mecanismos de vigilancia del entorno. Y tener previsto un responsable que, dado el caso, tenga su repertorio de acciones técnicas y comunicativas para aminorar el daño. Después, evidentemente, saldrán mejor paradas de ese tipo de ataques aquellas empresas que gocen de una mejor reputación. En la empresa, la reputación corporativa, escudo contra el rumor. En la guerra, qué sentido tiene la reputación si se habla de envenenar el agua.

Oaxaca, que nos trajo a hablar del rumor del agua, qué ciudad. Los frailes dominicos la llamaron la nueva Antequera, hermanándola así con la Antequera malagueña, una preciosidad. Pero la de ultramar no queda corta, retícula armoniosa de calles, simetrías, herrerías, cantera verde, buenos muros y frescos, iglesias impresionantes y todo en marco vegetal. Más arriba, la antigua ciudad zapoteca de Monte Albán, misteriosa y observadora. Especialmente de astros y simetrías más matemáticas. Y luego pónganle a uno delante un mole local, de los que enajenan al viajero. Por todo, no es de extrañar que sus habitantes tuvieran bastante inconveniente en dejarla cambiar de manos.

A la vuelta, el viaje terminaba como empezó, con atasco tremebundo en la carretera. Antes de Puebla, en sentido México, unas obras poco consideradas con el puente patrio, reducían a uno los carriles en que veníamos una marabunta de carros. Y de repente, antes del embudo, todo se paró. Y ya iba mal la cosa, pues llevábamos casi cuatro horas para hacer nueve kilómetros. A los diez minutos de detenidos ya apagamos los motores. Salimos de los carros y comenzamos colectivamente a conjeturar. Y allí estábamos, ya medianoche, en medio de la nada oscura, parados y sin saber por qué. Algo desesperados, campo fértil para el rumor. Afortunadamente, en nuestro sector también quedó atrapado el autobús de “Los Nietos”, banda de Sinaloa que viajaba con todo el equipo. Pusieron la música a toda máquina, haciendo la espera más agradable. Escuchamos un surtido repertorio, incluyendo “el venao” y juro que la canción de las vocales de Cri-Cri. Quien más quien menos, nos echamos un bailoteo, unos por distraer la cólera, otros por entrar en calor, y los más por desentumecer la osamenta. Sin embargo, la incertidumbre era patente en las conversaciones.

Al rato apareció un Charger de la Policía Federal. Paró a nuestro lado, porque no le quedó otro remedio, ya que un camión le bloqueaba el paso del arcén, y aprovechamos para pedir informes. El oficial nos explicó que hubo un accidente tres kilómetros más adelante, que estaban retirando los coches y en breve echaríamos a andar. Bueno, pues nos quedamos más tranquilos. Nos parecería adecuado que, en casos como ese, en que además el teléfono de CAPUFE, Caminos y Puentes Federales, 074, se colapsa, la patrulla enchufase la megafonía y dijese algo así como: “Les informamos que se ha producido un accidente leve unos kilómetros adelante. Estamos trabajando para retirar los vehículos y que ustedes puedan seguir circulando lo antes posible. Gracias por su comprensión”. Esa fuente autorizada tranquilizaría a las personas y de paso evitaría que fuesen pasto de los rumores o al menos de las conjeturas, que también pueden perjudicar a las autoridades. Aunque, la verdad, teníamos más ganas de llegar a la cama a soñar con Oaxaca, que de andar por ahí confabulando a esas horas, intempestivas hasta para frailes dominicos.

2 thoughts on “Poderío del rumor

  1. Con vuestro permiso, os dejo por aquí un artículo que he escrito que viene a complementar, con otro caso más, lo que comentáis de los bulos (en este caso el llamado bulo de actimel http://saludynutricionsomos.blogspot.com.es/2015/01/actimel-desmentido-oficial-del-csic.html). Felicidades por el artículo. Estoy investigando, precisamente, sobre la incidencia de este tipo de hoax (bulos) en el mercado financiero y me ha parecido muy interesante la referencia a los casos de Apple y Coca-cola.

    Muy buen trabajo.

    • Blanca, muchas gracias por tu comentario y por darnos noticia de tu interesantísimo artículo. Por favor avísanos cuando escribas sobre temas relacionados y en particular sobre la temática de la influencia del bulo en el mercado financiero, nos encantará leerlo y comentarlo.

      Saludos

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