Empleados en Ferrari

Notable molestia tienen muchos porque Néstor Moreno, alto funcionario de la electricidad mexicana, está en la calle pudiendo estar en la cárcel, según parece. Resumo: El pasado 3 de septiembre Nestor Moreno, ex Director de Operación de la Comisión Federal de Electricidad, es detenido en un aeropuerto acusado de enriquecimiento ilícito por unos 33 millones de pesos (hoy cerca de dos millones de euros). Cuenta The Wall Street Journal que, desde 1997, empleados de la empresa ABB en Estados Unidos, lo habían estado sobornando para conseguir adjudicaciones de interesantes contratos sobre plantas eléctricas de emergencia. Según las autoridades estadounidenses, los sobornos consistieron en lo siguiente: pagos de 164.791 US$ a su tarjeta, las tasas de la academia de su hijo, por valor de 24.500 US$, y ahora van las menudencias: un Ferrari valorado en 297.000 US$ y un yate de 1,8 millones de dólares. Buena embarcación.

Aquí está resultando lo más polémico del caso que Nestor Moreno está en paradero desconocido y ya buscado por Interpol, debido a que una jueza lo dejó en libertad, alegando motivos procesales que ahora sería enredoso explicar. Y aunque los tratásemos de explicar creo que pocos los entenderían, no tanto por su complejidad técnica como por lo contraintuitivo de la decisión, al menos para el ciudadano. Pero centrémonos en el ámbito empresarial: fue la propia empresa ABB la que en 2005 denunció a sus propios empleados ante los fiscales de EEUU por supuesto atentado contra la U.S. Foreign Corrupt Practices Act, que establece que es ilegal sobornar funcionarios extranjeros. Años después, pero lo hicieron. Y, por cierto, a la empresa le ha impuesto el Departamento de Justicia de Estados Unidos multas de casi de 40 millones de dólares por esta y otras conductas similares. Y, por cierto, los contratos obtenidos en México fueron de unos 80 millones de dólares. La empresa dice que, para contratos con gobiernos extranjeros, suele actuar por medio de representantes locales de ventas y no era consciente de que éstos empleaban el dinero en sobornar funcionarios.

En el supuesto de que allí los empleados, que esos sí ya no se escapan, sean juzgados y condenados, se estará sentando en la compañía un precedente de no impunidad que sí va a tener efecto disuasorio de futuras conductas corruptas. Así, aunque el funcionario fuera corrompible -y, como decía ayer el presidente de México, Felipe Calderón, todos somos susceptibles de ser blanco de la corrupción- si el empleado se asustara por sentir un riesgo cierto, se reduce la probabilidad del ofrecimiento. Dada la reacción de la compañía, no parece casualidad que declare en su web que apoya activamente la iniciativa Pacto Global de Naciones Unidas, la cual establece un claro compromiso privado contra la corrupción. Y bien para la compañía su actuar antes de que se iniciase procedimiento contra ella y su reputación, y su expresar en voz alta que no se va a permitir que eso vuelva a ocurrir. Ahora hay que corroborarlo con hechos.

Resulta llamativo el perfil de los regalos; dinero, Ferrari y Yate. Me pregunto si Néstor Moreno acudiría al trabajo en su Ferrari. Me pregunto si eso hubiera cambiado algo o si llegando a la oficina bronceado contase que muy divertido el fin de semana en su yate. Tal vez poco. Y no descartemos que, si algún día el ex funcionario es llevado ante los tribunales y se le pide justificar ese patrimonio, alegue que procede de los ingresos por la venta de queso Oaxaca, argumento socorrido últimamente ante preguntas sobre operaciones inusuales. En España, para perseguir el delito de blanqueo de capitales con mayor eficacia, el sistema público estableció la equiparación del indicio a la prueba. Esto se debe a la gran dificultad de perseguir tramas financieras enrevesadas e internacionales, lo que finalmente conduce al poder judicial a decir bueno, pues no podemos demostrar de dónde viene este dinero, pero este señor tiene un yate y oficialmente es un empleado mileurista, lo que en teoría no le da ni para el bote salvavidas. Esto, sumado a otros tantos elementos probatorios o indiciarios, permite sentencia condenatoria con todas las garantías legales. Una herramienta jurídica interesante para el combate a la corrupción.

En la empresa también se debe prestar atención a los indicios. Y a los regalos, mediante una política clara que indique qué se puede y qué no se puede aceptar, y qué regalos se pueden hacer o a qué se puede invitar. Existen diferencias culturales al respecto, acorde a dónde opere nuestra empresa. Por eso los empleados han de estar informados y saber a qué atenerse, para no meterse ellos en problemas o a la empresa. En cualquier caso, los signos externos de riqueza y el tren de vida son elementos que dan pistas sobre un posible enriquecimiento ilícito, procedente de la corrupción o de otras cosas. Un ex vicepresidente de Citigroup, Gary Foster, acaba de ser detenido, también en un aeropuerto, por haberse apropiado ilegalmente de más de 22 millones de dólares procedentes de fondos del banco, que fueron transferidos a su cuenta a lo largo de varios años. Parece ser que ese dinero lo invertía, entre otras cosas, en propiedades inmobiliarias. Una mansión y un apartamento de dos millones de dólares en Nueva York, justo enfrente de la misma oficina de Citi en la que trabajaba. Otro que no ha sido muy discreto. Probablemente no habría invitado a sus jefes a cenar al apartamento, pero en la empresa existen mecanismos para detectar indicios de enriquecimiento ilícito, sin recurrir a fiscalizarse y mirarse con recelo entre compañeros. Por ejemplo, se pueden configurar los sistemas informáticos con procedimientos de data mining que hagan saltar alarmas automáticas.

En el caso de que existan señales de un comportamiento contrario a la política ética corporativa, debe iniciarse una investigación interna. Y ahí recomendamos atenerse siempre a la legalidad, pero también a la intuición y al sentido común. Si el director de tal área no para de llamar a agentes de propiedades inmobiliarias de lujo, o acude a la oficina en Ferrari y no puede justificar su compra, hay que empezar a rascarse la cabeza antes de que estalle el escándalo y su causante desaparezca.

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